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14 enero 2018 06:08:47 RSS Principal

Alfonso Ramírez Gómez LA PATRIA | BOGOTÁ El último día del 2017 recibí la noticia, que no por esperada siempre nos sorprende al punto de buscar confirmaciones por inaceptable, de que mi amigo desde la niñez, Alonso Aristizábal Escobar, había levantado su vuelo hacia la eternidad. Luego de las averiguaciones de rigor, en los siguientes días comencé a recabar en los vericuetos de mi memoria sobre los diferentes momentos de nuestras vidas desde Pensilvania hasta otros ámbitos geográficos. Y encontré este texto que preparé para que lo incluyera en Pensilvania con muchos oros (2015), puesto que consideré que Alonso es uno de esos muchos oros. Pero se negó a incluirlo aduciendo, en un gesto de honestidad, que esta obra no la estábamos preparando para hacernos nuestra propia apología. Ahora, pasados unos días de su partida definitiva, pongo a su disposición el citado artículo, con las adecuaciones al presente. Comprometido con la literatura Quienes compartimos niñez y adolescencia con Alonso, tenemos la convicción que desde recién nacido aprendió a leer y escribir y nos tomó la delantera desde muy temprano en estas lides. Cuando compartíamos en los recreos, daba cuenta de obras literarias que los demás ni sospechábamos que existieran. Y en los centros literarios siempre aparecía con un escrito juicioso, bien construido y pleno de creatividad. Ya, desde esos años, demostraba la disciplina requerida para llegar lejos en el arte narrativo, la creatividad poética, la agudeza crítica y la coherencia entre discurso y praxis esperados de un verdadero maestro. Su compromiso con la literatura fue absoluto y total y de ella hizo su razón de existir. Después de graduarse bachiller en Pensilvania, adelantó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Bolivariana de Medellín y, como profesional, ejerció algunos cargos. Un día decidió renunciar a la rutina burocrática pues le quitaba el tiempo necesario para echar a volar su imaginación y reflejar en el papel el producto de sus construcciones verbales. Entonces, amo del tiempo, distribuye las horas a su arbitrio para exprimirle a cada segundo la palabra precisa, la imagen apropiada, el concepto exquisito; momentos para los textos de los escritores de su generación, para la preparación de los talleres y conferencias, para las clases y asesoría a los alumnos de la Maestría en Literatura en las universidades Nacional y Central; para la corrección y calificación de los ejercicios propuestos. El tiempo para responder periódicamente con los comentarios de libros para el Instituto Cervantes de Madrid, las revistas El Mundo al vuelo de Avianca y Dinners y los periódicos El Espectador, El Tiempo, LA PATRIA y El Colombiano, etc. Además del requerido para producir los siguientes libros de cuentos: Sueño para empezar a vivir, Un pueblo de niebla y Escritos en los muros; novelas: Una y muchas guerras, Y si a usted en el sueño le dieran una rosa e inédita, La Golondrina, que ha quedado pendiente de ver la luz pública; poesía: Poemas caminos por la tierra; crítica y ensayo: Vida y obra de Pedro Gómez Valderrama, Mito y trascendencia en Maqroll el gaviero y Dos maestros del mito: Álvaro Mutis y Pedro Gómez Valderrama. Dedicó mucho tiempo para dirigir la edición de los libros Pensilvania el sueño entre los árboles, Luces y senderos para la patria grande –bodas de oro del bachillerato en Pensilvania-y Pensilvania con muchos oros, como homenaje a los 150 años de fundación de su tierra natal. Y aún así reservaba ratos para compartir con los amigos y escritores de su misma generación. Se requiere de una disciplina a toda prueba para haber asumido con tanta responsabilidad y dedicación su profesión de escritor. Destacando su trabajo Gustavo Álvarez Gardeazábal, en un artículo publicado en la Revista dominical de LA PATRIA, comenta sobre “Una y muchas guerras: una novela de categoría porque esculca las entrañas no solamente de un período de la patria que estaba pidiendo que la generación de Otto Morales Benítez la contara, sino porque con fuerza excepcional se mete en los vericuetos de la geografía literaria, huérfana hasta este libro, de un narrador de sus dotes”. Pedro Gómez Valderrama, por su parte, en la nota que aparece en Una y muchas guerras, observa: “sus personajes vivos y sabiamente delineados se quedan impresos en el espíritu con un dramatismo concentrado, con la misma fuerza que les da la tierra. Aristizábal, diestro narrador e intelectual de gran relieve, ha producido con este libro una obra de indudable importancia dentro de la novela colombiana”. Por sus narraciones y poemas discurren personajes, paisajes, situaciones y lenguaje, en fin, la vida de su patria chica. Así lo percibía un joven bachiller de 2014 que, al entrevistarse con Alonso en Pensilvania, comentaba: “lo más admirable de su obra era que a medida que la leía, podía ir mirando en la calle o le venían a la memoria personas de carne y hueso como las que se mueven en los espacios y lugares, con sus dichos y comportamientos, en sus relatos”. Considero oportuno compartir este poema inédito de Alonso Aristizábal Escobar. En la muerte de un poeta Recibo con dolor la noticia de la muerte del poeta amigo, y siento que solo ahora sé que pude ver de cerca al que era de esos creadores que nos muestran el cielo muy próximo, con cada uno de sus resplandores. Él me enseñó que las nubes son montañas donde viven desde siempre poetas como él, los años del porvenir, y que por eso ellos son los ángeles de las ilusiones y los sueños. Recibo con lágrimas la noticia de la muerte del poeta amigo, y me acuerdo que muchas veces respirando a su lado, escuché sus palabras cargadas de infinito. Y era como si él entonces estuviera allá mirándome con sus pupilas de niño y su rostro que también parecía un poema que no olvidaré nunca. A través del teléfono lloro ante la persona que me habla, como pidiéndole al destino que cambie su curso inexorable. Solo después, lleno de la paz de sus ojos, me consuela el horizonte amplio que observo a través de las alturas que me rodean, y sé que ahora vive allá y me está mirando para renovar los anhelos del mundo. Entonces digo que se ha ido a vivir en medio de sus palabras, y que estas son enredaderas, ríos y caminos por donde seguirá recorriendo su memoria para alimentar mi vida y la de muchos por los siglos de los siglos, amén. Artículo completo en Escritor de todas las horas

Vice null Time14 enero 2018 06:08:47


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Todos y todas

1.7077491 18 diciembre 2017 05:13:03 RSS Principal

Camilo Vallejo Leer más sobre Camilo Vallejo Este texto no es una proclama, es una invitación a dudar. Sospecho que el lenguaje incluyente –el de “manizaleños y manizaleñas”– no riñe con la economía ni con la belleza del lenguaje. Creo que se puede encontrar el punto exacto en el que se reconozca lo femenino y se conserve lo mejor de nuestro idioma: con una práctica más reflexiva de nuestras escrituras, y discutiendo sobre los discursos que tienen menos posibilidad de eludir el lenguaje incluyente, como los del Estado y el derecho. La semana pasada, un juez de Bogotá ordenó cumplir el Acuerdo 381 de 2009 del Concejo de Bogotá, sobre lenguaje incluyente, y cambiar el eslogan de gobierno de la Alcaldía de Peñalosa: el “Bogotá mejor para todos” debe decir ahora “Bogotá mejor para todos y todas”. Este caso, en mi parecer, deja dos dudas valiosas. La primera pregunta es si el lenguaje incluyente atenta contra la economía y el buen gusto del castellano. “El género es una categoría gramatical que no tiene nada que ver con el sexo”, escribió Héctor Abad Faciolince en 2006, al tiempo que mostraba varios ejemplos sobre cómo el género gramatical se cambia y se intercala indistintamente entre diversos conceptos y sujetos, sin tener en cuenta su vínculo con alguno de los sexos. Desde hace años, la feminista Florence Thomas le viene respondiendo Abad Faciolince. Al respecto, he preferido mantenerme abierto a algunos puntos que ella escribió en 2012, en una columna que tituló “Héctor: tenías 5 hermanas, pero naciste varón”. Primero. Dice Thomas que el lenguaje incluyente busca nombrar a las mujeres y mostrar que su ocultamiento es grave para la construcción de su identidad y para su presencia en la historia escrita y hablada. Tiendo a pensar que es coherente que las feministas, así como han buscado erradicar la discriminación de género en lo social –la Ley 1257 de 2008 es un ejemplo–, también aspiren a sacarla de una lengua que, dicen, no las reconoce. Aunque no todas las mujeres se sienten excluidas por el uso común del castellano, no son pocas las que viven lo que vivieron los pueblos indígenas del siglo XX, que exigieron ser nombrados en las constituciones aun cuando les vendían la idea de que las categorías de “hombre”, “ciudadano” y “humano” también los incluía. Cuando sentimos que no cabemos en una palabra, luchamos por cambiarla. Segundo. Dice Thomas que si el castellano sufre transformaciones todo el tiempo, por la jerga popular, por las tecnologías, por las profesiones, por los anglicismos, ¿por qué cuando viene por una demanda feminista se genera tal alboroto? ¿Por qué, ahí sí, aparece tanto purismo y dogmatismo gramatical? Son buenas preguntas. Desconfío de que ese deseo de aferrarnos al lenguaje “correcto y bello” pueda estar escondiendo esa manía por defender una forma eficiente pero injusta de hablar el mundo. Tercero. Dice Thomas que no se busca convertir el lenguaje en una herramienta pesada o insoportable, solo se busca atención a los aportes del feminismo y a la presencia de las mujeres. Sospecho que es posible ajustar el lenguaje inclusivo y lograr el reconocimiento femenino que se pretende sin romper la agilidad y belleza de la lengua. Puede ser cuestión de creatividad, de buen gusto y de encontrar el momento y el espacio donde el “todos y todas” no es necesario, o donde no sobra ni se ve mal. Hay recomendaciones que bien usadas, y quizás mejor perfeccionadas, pueden ser solución. En web se puede buscar la guía de lenguaje incluyente que el gobierno mexicano recomienda a su personal y a su población. Finalmente, la segunda pregunta que deja el fallo del juez de Bogotá es si los gobiernos están obligados a usar el lenguaje incluyente. Al haber un acuerdo del Concejo, el gobierno de Bogotá sí estaba obligado. En Manizales y Caldas no hay obligación, pero quizás los gobiernos deban volver a pensar sobre cómo están representando al total de la ciudadanía –que incluye a las mujeres que exigen reconocimiento– y sobre cómo están escribiendo sus documentos y normas al hablar o no hablar de cualquier persona. En el Plan de Desarrollo de Manizales, la palabra “manizaleña” aparece una vez entre 426 páginas. ¿Suficiente? ¿Justo? ¿Deseable? En todo caso, tiendo a pensar que por su naturaleza pública y su legitimidad popular, el Estado y el derecho tienen menos posibilidad de eludir la reflexión sobre el lenguaje incluyente. (En esta columna he hecho mi mejor esfuerzo para mostrar que el lenguaje incluyente, por sí mismo, no es ridículo ni feo) Fecha de publicación: Lunes, Diciembre 18, 2017 Tema: Opinión

Vice Todas las noticias Time18 diciembre 2017 05:13:03


Lo que encuentra un escritor

1.043263 17 mayo 2017 03:01:35 RSS Principal

Pedro Felipe Hoyos Körbel Leer más sobre Pedro Felipe Hoyos Körbel La agenda cultural del Departamento de Caldas, a la final, posee sustancia. La percepción mediática de ella depende si el evento tiene como finalidad atraer un público foráneo, o si fue concebida para reforzar dinámicas internas, y en esta categoría se ubica el Encuentro de Escritores de Filadelfia cuya versión 21 se llevó a cabo la semana pasada. Este evento había pasado varias dificultades hasta que el alcalde Germán Zuluaga y su equipo le hicieron una interesante reingeniería. No solo el alcalde acudió al Ministerio de Cultura en busca de recursos, sino que llamó con éxito a la puerta de la Secretaría de Cultura de Caldas, sino que dio un paso interesantísimo y se puso en contacto con la Universidad de Caldas, donde el rector Felipe César Londoño comprendió la oportunidad y se vinculó de lleno con este evento. De una reunión de corifeos de las letras locales conferenciando en los colegios, este encuentro pasó a un momento donde varias facultades de la Universidad de Caldas emprendieron procesos que confluyeron involucrando a la población joven de este bello municipio, incluyendo sus veredas. ¿Cómo crecería nuestro Caldas si cada una de las universidades con sede en Manizales adoptara oficialmente dos o tres municipios y les inyectara la sabia del conocimiento y compartieran cultura viva? Sin mayor incremento de costos para la Alcaldía ni la Universidad, Filadelfia honró a los deslucidos protagonistas de la escritura regional, y vio teatro, desfiló por las calles portando pancartas alusivas al gran Gabo, oyó música, cantó, fue filmada por el buen Ramón de Telecafé, premió un concurso de escritura, mostró sus danzas y compró libros, y esto por tres días. Fue un encuentro maravilloso donde ganamos los invitados que pudimos ser testigos de un cambio y fuimos partícipes de un experimento que se propuso articular diferentes estamentos en pos de la cultura, así como la gente de Filadelfia que pudo acercarse a esa llama sagrada. La programación sufrió trastornos por la lluvia y las vías que estuvieron fuera de servicio, pero los organizadores con gallardía y esfuerzo causaron la mejor impresión y nunca perdieron el control del evento. Dejó traslucir el equipo organizador y el de logística, cuyos nombres completos no recuerdo y por ende me abstengo a mencionarlos uno por uno, un buen nivel de autoestima que nos dejó abrumados con atenciones y cariño. No creo que a este evento se le deban adicionar en una próxima edición nombres de cartel para darle otro acento. Se emprendió hace años un proceso importante que ha ayudado a incrementar la cercanía de los filadelfeños a la cultura. Si ese nivel no se aumenta ¿para qué traer un William Ospina? Incurrir en ese arribismo cultural y surtir a las poblaciones pequeñas con las vedettes de la cultura colombiana, dizque con el pretexto de fomentar el turismo cultural, es errado y pone en riesgo ese urgente y frágil desarrollo. Es importante que el protagonista del Encuentro siga siendo la gente de Filadelfia y no estrellas de nuestra viciada farándula cultural criolla. Sobran ministros y escritores de eventual fama, porque solo distraen a la gente del real propósito de este evento. Así como va, todo sucede con más calma y es más profundo, sobra el asedio de los medios nacionales y su barata parafernalia. Perder la familiaridad y la cercanía que redunda en calidez a cambio de ser titular por un día no es negocio alguno. Para cerrar, quiero expresar mi admiración y celebrar la osadía de la Administración Municipal que impuso una nueva marca en el que hacer de la cultura en nuestro departamento. Es muy probable que el escritor tutelar de este encuentro, el filósofo Danilo Cruz Vélez, oriundo de Filadelfia y descendiente del gran Bonifacio Vélez uno de los verdaderos fundadores del Departamento de Caldas, estuviera muy cumplimentado con ese nuevo y atrevido enfoque. Fecha de publicación: Miércoles, Mayo 17, 2017 Tema: Opinión

Vice Todas las noticias Time17 mayo 2017 03:01:35


Escritores periféricos

1.043263 04 mayo 2016 12:40:07 El Nuevo Día - El Periódico de los Tolimenses

La realización de la 29 Feria Internacional del Libro de Bogotá, que acaba de clausurarse en la capital, nos deja varias lecciones que no podemos dejar pasar por alto....

Vice Todas las noticias Time04 mayo 2016 12:40:07


“Soy como una escritora fantasma”

1.043263 23 noviembre 2015 03:17:16 ELESPECTADOR.COM

Hace 25 años, el Noticiero 24 Horas rompió todos los esquemas y puso a dos mujeres a presentar noticias. Adriana Arango y yo compartimos el set durante cinco años, todas los días a las 7 de la noche. Trabajamos juntas en la época más convulsionada de narcoterrorismo que vivió Colombia y construimos, al mismo tiempo, una amistad a prueba de bala. Luego, cada una cogió su camino y dejamos de vernos muchos años hasta que una mala decisión la llevó a la cárcel y estuvo privada de la libertad seis años y dos meses. Nuestra amistad siempre ha estado por encima de todo. Libre y a paz y salvo con la justicia, se atrevió a hablar por primera vez y a contar su historia. No es fácil entrevistar a una amiga en problemas. ¿Cómo se siente de pasar de dar una noticia a ser parte de una noticia? Es una sensación bien impactante, sobre todo por la dimensión que alcanza una noticia tan escandalosa, tan vergonzosa, tan difícil de interpretar para la opinión pública cuando hay personas afectadas y cuando hay medios que buscan el interés por alguien que generó noticia en un momento dado, que tenía un nombre, una trayectoria, un reconocimiento. Una figura pública. Exacto. Tienden a haber distorsiones, exageraciones, entonces yo quería poder decir la verdad de la situación, veía que lo que salía no era la verdad en sus justas proporciones pero tampoco tenía la autoridad para entrar a defenderlo, pues sí, queda uno maniatado. ¿Cómo fue pasar de ser una mujer admirada que se metió en la casa de los colombianos todas las noches a ser culpable de un delito que la tuvo detenida seis años y dos meses? Es muy difícil, pero en últimas se quita esa máscara y ese rol y queda el ser humano y es ese mismo ser humano el que entra a la cárcel y el que mira a los ojos a otras reclusas. Deja uno también el afán de que te crean o de demostrar tu inocencia y lo único que le queda es la dignidad de asumir una responsabilidad. Cuando uno lo asume y lo acepta, da los primeros pasos para encontrar la libertad interior. ¿Cambia en algo ser famoso en la cárcel? Claro, y me acuerdo muchísimo que cuando se acabó la audiencia yo no me imaginaba que me fueran a remitir inmediatamente a la cárcel, salí en los noticieros del mediodía esposada y con esa cara de angustia, miedo, terror, pánico. Cuando voy entrando por un caminito que conducía al patio 8, por las ventanas me gritaban: “Bienvenida, Adriana Arango”; fue impactante, porque no me sentí humillada en ese momento sino acogida, fue una sensación diferente. No asumí el papel de presentadora en ningún momento, fui un ser humano. ¿Cómo se aprenden los códigos carcelarios? Es básicamente aprender a trabajar todo con inteligencia emocional. El “usted no sabe quién soy yo” no sirve de nada ahí, por lo menos lo que a mí me tocó vivir. Yo simplemente tenía un nombre y una trayectoria y había un trato muy amable y muy cordial tanto con la guardia como con todas las internas porque sí me propuse interactuar, convivir. Se involucró tanto, que terminó haciendo un periódico y una obra de teatro. Sí, hice varios sketchs, fue como un seminario que nos dieron de crecimiento interior , del patio 8 yo era la única, entonces me tocaba hacer todo a mí sola, hice varios monólogos, bailes, coreografías. ¿Era una líder dentro de la cárcel? Más que líder era como una facilitadora de aprendizaje, enseñarles muchas cosas. Yo digo que la Adriana que entró es una y la Adriana que salió es otra. Es una de las experiencias que más me han marcado en la vida positivamente, a pesar de ser un hecho adverso, doloroso y difícil. También se da cuenta uno de qué está hecho, cuáles son sus recursos internos, aprender a liberarse del miedo o por lo menos a transformar ese miedo en empoderamiento, en ayuda, en servicio. Me encantaba estar en todas las actividades donde pudiera servir, ayudar, redactar, organizar. Por ejemplo, en la primera Navidad, que fue la única que me tocó estar allá, les decoré las puertas a mis compañeras. Sacó lo mejor de lo peor. Sí, es un tema de actitud y no es solamente en privación de la libertad, cualquier circunstancia adversa donde haya miedo, rabia y cualquier sentimiento que no te permita estar en bienestar y tener tu lago en calma, lo puede transformar a uno. Me reinvento todos los días y me convenzo de que las experiencias son para hacerte grande o para permitirte sortear lo que viniste a vivir en esta vida. Se puede contar un lado positivo de una experiencia tan oscura. Sobre todo contarlo en este punto con paz: sin rabia, sin tratar de dar explicaciones ni razones, ya lo que fue, fue, ya lo asumí y siento que soy una Adriana diferente y eso es lo único que cuenta para mí, para los seres que me quieren, para mi familia, para mis amigos, para todas las personas nuevas que llegaron a mi vida en estos seis años y que hacen parte también de mis afectos más profundos y de mi corazón. Me siento afortunada por eso. ¿Fue justo que los hubieran detenido a usted y a su esposo? Nosotros sí nos equivocamos, los delitos sobre los cuales nos imputaron y pagamos la condena, sí cabían. Hubo dos delitos que surgieron a raíz del tema de las pirámides, nosotros no éramos pirámide y nos aplicaron esos delitos, pero el de la estafa fue el que a mí más me conmocionó, el que más me dolió, sobre el cual traté de argumentar y defender que nosotros no habíamos estafado a las personas y que no habíamos sacado lucro de ese dinero que nos habían prestado, pero sobre eso también me tocó pagar y ahí queda la marca de por vida y la verdad está en mi corazón y la verdad estará también en las personas que lo quieran interpretar y juzgar como les parezca. Usted lo tuvo todo y después lo perdió absolutamente todo. ¿Cómo han hecho para sobrevivir y salir adelante? Muchos amigos que sabiendo que yo tengo, por ejemplo, capacidad de redactar e investigar, me han dado la posibilidad de trabajar desde mi casa. Soy como una escritora fantasma, hago muchos proyectos de todo tipo pero mi firma nunca aparece en ninguna parte. La familia nos ha ayudado muchísimo, muchos ángeles, una red de apoyo y de solidaridad impresionante y de eso hemos vivido. Ahorita es empezar a buscar oportunidades para poder empezar desde cero nuevamente, pero nunca nos ha faltado nada. Su esposo también ya le cumplió a la justicia. Están los dos a paz y salvo. Sí. Ya nos dieron la extinción de la condena, estamos en el proceso de restablecer todos los procesos civiles y volver a salir al mundo. ¿Cómo se ve? Unidos, igualitos. El matrimonio intacto, los amigos entrañables al lado de nosotros, los que ya no están, en el recuerdo; queriendo conservar el mismo estilo de vida. ¿Se siente miedo enfrentar otra vez la libertad? Sí, es un proceso muy fuerte recuperar la libertad a nivel emocional y psicológico, sobre todo porque uno no sabe qué encuentra en las miradas de la gente, uno piensa que todos lo reconocen y van a pasar la cuenta de cobro, van a hacer un escándalo, pegar un grito. Me pasó algo muy curioso con uno de nuestros acreedores después de hacer un retiro espiritual. La esposa de él estaba en ese retiro, me abrazó y me dijo al oído: “Nosotros te pusimos plata” y yo quedé en shock; el abrazo era para darme su perdón, fue lo más liberador y un regalo de Dios.

Vice null Time23 noviembre 2015 03:17:16


La emergencia de un escritor

1.043263 16 septiembre 2015 10:27:13 ELESPECTADOR.COM - Zodiaco, Cultura

Andrés Mauricio Muñoz (Popayán, 1975) hace parte de una hornada de escritores que han logrado llamar la atención de la crítica y espera en breve conquistar la del público. Es ganador de varios concursos literarios y es considerado por el cronista Alberto Salcedo Ramos como uno de los más talentosos prosistas de la literatura colombiana actual. Lo primero que llama la atención de los cuentos de “Un lugar para que rece Adela” es el lenguaje cuidado que sustenta historias cotidianas, salvo el relato “Cuestión de registro”. ¿Qué papel juega el lenguaje en la construcción de sus historias? ¿Las historias condicionan el uso de las palabras? El lenguaje es para mí casi un fetiche, es decir, trato de ser bastante riguroso en el proceso de construcción de la historia a través de las palabras adecuadas. Me gusta que sean cercanas al lector, que la lectura le resulte una experiencia familiar, amena. Si debo recurrir a palabras que no hacen parte del léxico habitual de un lector, por lo menos deben serle conocidas. El uso del lenguaje es parte de la arquitectura de los cuentos, de la cotidianidad que me interesa abordar en mis historias, como si se tratara de disponer un hábitat en el que el lector se sienta cómodo. Por otro lado veo que excluyes Cuestión de registro de este grupo de la cotidianidad. Sin embargo, creo que es ahí donde más énfasis hago en ella, sólo que llevada a un contexto de parodia, de absurdo si se quiere ver así, de esa impotencia a la que nos somete la lucha contra ciertos ordenamientos sociales. Pero en definitiva creo que tu pregunta da en el punto del tipo de literatura que me gusta abordar, que es alrededor de las llanezas de la vida y los personajes con los que convivimos a diario. Y, claro, la cotidianidad marca el ritmo del lenguaje. A todos los cuentos los atraviesa, de diferentes maneras, el asunto del despojo. ¿Dicha recurrencia está emparentada con su visión de la vida? ¿Hasta qué grado su vida ha estado marcada por el despojo? El asunto del despojo fue una decisión literaria, pero una decisión que viene desde antes de concebir este libro, pues se remonta a cuando recién comencé a escribir mi primer libro de cuentos, Desasosiegos menores, momento en el que mi di cuenta de que mis cuentos tenían un marcado interés en problemáticas muy humanas, de esas que hacen mella mientras la vida sigue. En ese entonces pensé en el desasosiego, el desasosiego menor, ese que perturba, que abate, pero que no supone un punto de ruptura en la vida de la gente, pues todos terminamos conviviendo con él para seguir adelante. Personajes con algún tipo de frustración en sus espaldas. En este nuevo libro decidí, para seguir por esa línea, que el tema que articularía todo sería el despojo, ese que es tan sutil como vehemente. Te pueden despojar de una propiedad, pero también de una ilusión, de un amigo, de un momento único e irrepetible. En cada uno de esos casos surge otro concepto que viene a encargarse de mantener vigente nuestra aflicción, el hubiera, que es esa tentación de la memoria para identificar aquellos instantes en los que todavía hubiese sido posible modificar el curso de los acontecimientos. He tenido despojos, claro, como todos. Dice usted que detrás de “Un lugar para que rece Adela” hay una decisión literaria. ¿Cómo sabe que una idea puede dar material para un libro? ¿Qué debe tener ella para que usted decida escribir un cuentario completo a su alrededor? En general son ideas que dan vueltas en la cabeza durante algún tiempo. Como una suerte de intuición. La cuestión es decidir cuál es esa idea que prevalecerá. Pero una vez decidido, el asunto no es tan complejo, porque mientras esté apegado a eso que tanto me interesa, que es lo humano, la hondura la da la vida misma. La literatura es la mirada que escruta, no el pozo ni lo que hay allá abajo. Digamos que un día un autor decide escribir sobre la felicidad, o la tristeza, o los sueños que no se cumplen, que es lo que me viene inquietando desde hace algún tiempo; en ese momento el solo ejercicio, la sola decisión, implica pararse frente a diferentes puertas. Las alternativas emergen. Hay felicidades que nos deleitan, por ejemplo, otras que sólo se aceptan, otras que se posponen. En cada una de esas variables hay un cuento, o varios. No se trata de promover la idea de que una colección de cuentos deba sí o sí tener unidad; de ninguna manera, es sólo que a mí me interesa mucho abordar mis proyectos así, con cuentos que existen por sí mismos, pero que también hacen parte de una constelación. ¿Cuál ha sido su relación —como lector y cultor del género— con la tradición cuentística colombiana? Siempre he estado muy pendiente del género, no sólo en Colombia sino en Latinoamérica. Pero para concentrarme en tu pregunta debo decir que esa tradición, aunque podría ser mucho más vasta, ha producido autores y cuentos que persisten en la memoria. Me acuerdo, por ejemplo, de tremendos cuentos como Que pase el aserrador, de Jesús del Corral, y Espuma y nada más, de Hernando Téllez, obra maestra de la tensión. Me he deleitado leyendo las compilaciones de cuentos de Fanny Buitrago, Marvel Moreno o una mucho más reciente y vigente, Lina María Pérez. Comencé, como suele ser natural, con los de García Márquez y Tomás Carrasquilla. Devoro mucho, casi todo lo que se produce, con mucha atención incluso en el trabajo de escritores de mi generación que rinden culto al género y están ahí, empujando, buscando un espacio. ¿Cuál ha sido su relación con el mundo editorial? ¿Es el cuento un género de nicho de mercado? Mi relación ha sido complicada, como esas en las que tú no sabes muy bien para dónde es que camina la cosa. Es difícil publicar cuento en Colombia en editoriales comerciales, de esas con bastante músculo. A veces sacan algunos autores, pero sus apuestas son tímidas, en el sentido de apuntarle no al género como tal, sino a la reputación de quien pone la firma. Una estrategia, pensada en la creación de colecciones de cuento y posicionamiento de autores, no la veo. Pero de cualquier manera el panorama es mejor que hace un par de años. Debo reconocer la labor de las universidades, mediante el sostenimiento de premios o colecciones dedicados al género. Mi primer libro, Desasosiegos menores, salió publicado por la UIS, como obra ganadora del Premio Nacional de Libro de Cuentos de ese año (2010). Ahora quien publica Un lugar para que rece Adela es la Universidad de Antioquia, que viene apostando por la literatura nacional desde hace mucho tiempo, con un sello editorial bien consolidado. También hay editoriales independientes que hacen lo suyo. Es un género de nicho, sí, pero yo creo que esto no lo determina el interés de los lectores sino el poco espacio que le reserva el mundo editorial.

Vice null Time16 septiembre 2015 10:27:13


Semilla para un escritor

1.043263 16 agosto 2015 06:42:27 ELESPECTADOR.COM

Un familiar mío muy querido que trabajaba en El Espectador me dio la oportunidad de comentarle que como estudiante en Francia me gustaría colaborar con el periódico desde París. Con gran generosidad me dio espacio en alguna nota editorial y para uno que otro artículo, lo que disparó mi semilla de escritor, de ahí mi gran agradecimiento. La verdad es que me sentí no solo muy importante de colaborar con este gran diario, sino que mi imaginación se volvió incontrolable. Un ejemplo: en ese momento se desató la guerra árabe-israelita. Sin el menor empacho le solicité a Guillermo que me mandara como corresponsal de guerra a cubrir ese doloroso momento. Me imaginé con casco y chaleco antibalas; los titulares del periódico: “Nuestro enviado especial cubrirá estos momentos de gran tensión mundial”. La sapiencia tuvo prioridad y en forma delicada me mandaron decir que ya había agencias especializadas en el tema informando sobre la situación. La otra cara de la moneda era lo que quizás pensó Guillermo: bogotano chiflis, a nombre de El Espectador, muere de un balazo israelita o árabe en mitad del desierto. Otro ejemplo: con el alma de corresponsal solicité una cita al padre de existencialismo francés, Jean-Paul Sartre, quien vivía a dos cuadras de mi sitio en el barrio de Montparnasse. Pensé en los titulares de El Espectador: “Nuestro corresponsal estrella en Francia entrevista a este gran filósofo.” Días después de mi solicitud recibí una notica de Sartre hecha a máquina, con palabras amables, seguramente producto de su secretaria, donde me informaba que conocía muy bien a El Espectador pero que en ese momento no podía atenderme. La verdad es que hoy en día agradezco mucho que no me hubiera concedido la entrevista pues de existencialismo no tenía ni idea y me hubiera tocado hablar del tiempo, la lluvia o las putas de Montparnasse, barrio bohemio por excelencia y con cafés maravillosos. . Leí esta frase en alguna novela: “Hay quienes saben escribir bien y hay quienes nacen escritores”. Yo soy de los segundos. Escribí un libro sobre mi familia y he tenido la osadía de escribir una novela que está en manos de un agente y depende de su decisión si terminará sólo en mi mesa de noche, para leerla por vez 500 durante los momentos de insomnio . Reconozco que la infatigable ayuda de mi compañera me ha permitido parir novelas y escritos. Es más, estoy armando otra novela con un sentimiento de rabia y corazón para lograr despegarme de muchas angustias que me llegaron, que no fueron justas pero me tocó tragarme. Cuando supe que criminales acabaron con la vida de Guillermo sentí lo que lo hoy en día puedo poner en palabras: Colombia hubiera sido otra si muchos de sus prohombres en las noticias, en las letras, en las leyes, en la política y en otros campos, con intereses por encima de lo personal, siguieran vivos. Puntos de referencia, faros en contra de la corrupción y la inseguridad. No es que los males se acaben per se, pero seres probos, hombres y mujeres, que la ciudadanía necesita para creer en un futuro mejor, seguro le hubieran dado una mejor dirección a este gran barco que es Colombia. Lo paradójico es que las mismas organizaciones de criminales, que cuentan con madres, esposas, hijos y nietos y también deben estar interesados en tener un mundo seguro para su entorno familiar, han asesinado parte del futuro del país. Hice en un You Tube un muy modesto homenaje a los prohombres –mujeres y hombres- quienes, caídos por el crimen, emprendieron un nuevo viaje más allá del Cabo Finisterre, donde finaliza el camino de los peregrinos de Santiago de Compostela. En la antigüedad se decía que la Tierra se acababa allí. Quienes terminaron su vida en manos de criminales fueron peregrinos que aportaron lo mejor que tenían y finalmente emprendieron el Camino a lugares donde seguramente pertenecen. La generosidad de Fidel me permitió volver a El Espectador. Y así, aun con enormes cargas de trabajo y responsabilidades durante la semana, para mí escribir la nota del domingo y añadir un video? es sagrado. Es una forma de compartir experiencias que aporten al eventual lector algo nuevo, algo diferente de este mundo lleno de sorpresas. You tube https://www.youtube.com/watch?v=yEwghnQeFdI Que tenga un domingo amable y seguimos adelante. Enrique Aparicio Smith - agosto de 2015

Vice null Time16 agosto 2015 06:42:27


Todas las megaobras de Bucaramanga serían adicionadas

1.043263 02 julio 2015 13:22:30 Noticias de Bucaramanga, Santander y Colombia - Vanguardia.com

Atrasos de hasta el 80% y obras sin cierre financiero, hacen parte del resultado del último informe de veeduría a las megaobras.... Credito: JINETH PRIETO

Vice Todas las noticias Time02 julio 2015 13:22:30


Trump, con todas las apuestas en contra

0.85387456 17 junio 2015 07:14:07 RSS Principal

MATEO SANCHO CARDIEL EFE | LA PATRIA | NUEVA YORK El anuncio de las aspiraciones presidenciales de Donald Trump supone el remate a la biografía de este magnate inmobiliario en una vida llena de auges y caídas, aderezada de divorcios, libros, vodka y hasta un reality show en televisión. Como en la película Ciudadano Kane, inspirada, a su vez, en el magnate William Randolph Hearst, Donald Trump nació en una familia de clase media, concretamente el 14 de junio de 1946 en Queens, en Nueva York, para luego convertirse en un megalómano gurú cuyo fan número 1 es él mismo. Se licenció en 1968 en Economía Financiera por la Universidad de Pensilvania, comenzó como obrero en la empresa de su padre, que heredó a los 28 años, y le dio el giro para acabar dominando el negocio inmobiliario. "Es tangible, es sólida, es hermosa. Es artística, desde mi punto de vista. Simplemente amo la inmobiliaria", escribiría, resumiendo sus bases filosóficas y estéticas. De ahí salen también las sombras de su imperio: impúdico en su neoliberalismo, su intolerancia, su ostentación y su extravagancia, su éxito lo convenció no solo de que todo es posible, sino de que cada uno labra su propia suerte, por lo que su trayectoria destila pocas concesiones a los débiles. Ser implacable es la clave de su carisma, como demostró en su programa de televisión para convertir a los participantes en empresarios de éxito, The Apprentice, triunfó en la NBC, le hizo finalista a dos Emmys y en él eliminaba a los concursantes diciendo: "Estás despedido". "Nunca pensé que despedir a 67 personas en la televisión nacional me haría más popular, especialmente entre las generaciones más jóvenes", aseguró irónico. En paralelo a sus negocios, Donald Trump ha tenido una gran presencia mediática por su vida sentimental que le ha dado cinco hijos y, lo más importante para las portadas de las revistas, tres esposas modelos. Trump ha tenido que reponerse de varias quiebras, pero siempre permaneció infatigable ante el fracaso. Y sigue acumulando tareas: maneja la pista de hielo de Central Park en Nueva York, tiene su propia agencia de modelos, su cadena de restaurantes, sus colonias llamadas, no en vano Empire y Success y está detrás del negocio del concurso de Miss Universo. Desfavorable En un intento por remontar las encuestas desfavorables, Trump recurrió ayer a un discurso nacionalista, rayando en lo xenófobo y haciendo unas promesas a las que sólo le faltó apoyarlas colocándose un casco de guerra. "Encontraré un nuevo general Patton", afirmó Trump en un discurso de 45 minutos al referirse al liderazgo mundial que, según él, ha perdido Estados Unidos y a la necesidad de recuperar las glorias pasadas. Lo dijo al anunciar, esta vez sí, que había decidido sumarse a la lucha por conquistar la candidatura republicana para los comicios presidenciales del año próximo. Combativo, intenso y orgulloso de la fortuna que ha acumulado en su vida, Donald Trump, de 69 años, dio un salto definitivo a la política después de cinco años coqueteando con la idea de aspirar a la Casa Blanca. Se lo pensó en 2010, para competir en los comicios del 2012, que ganó Barack Obama para su segundo mandato. Pero al final rechazó la idea porque, entre otras cosas, las encuestas lo ubicaban en el nivel más bajo de los posibles candidatos. Ahora sí se decidió Donald Trump a dar este paso, pero el escenario que tiene ante sí es tan malo como entonces, si no peor. De momento, y a no ser que haya nuevas fichas, tendrá que competir con 11 aspirantes más para conseguir la candidatura presidencial del Partido Republicano, incluido otro integrante de la dinastía Bush, Jeb. Pero las encuestas siguen siendo muy desfavorables para Trump. La más reciente, de la Universidad de Monmouth, difundida el lunes, le daba un 2% de simpatías entre los votantes republicanos, muy por debajo del favorito provisional, Ben Carson, que tiene el 11%. Sin embargo, la personalidad de Trump, su carácter ríspido y su inclinación a adoptar posturas que no son "políticamente correctas", lo sitúan a la cabeza de las encuestas, pero en cuanto a las opiniones desfavorables de los votantes republicanos. Destacado Forbes cifra su fortuna en 4.100 millones de dólares, aunque ayer durante su discurso en el que Trump anunció su aspiración presidencial, aseguró que es de 8.737 millones de dólares.

Vice null Time17 junio 2015 07:14:07


¿Por qué están tristes todas las modelos de Zara?

0.85387456 22 abril 2015 16:33:52 ELESPECTADOR.COM

“¿Habéis echado un ojo a la última colección de ZARA? Yo sí. Y no puedo ni deciros si me ha gustado o no, porque toda mi atención ha sido para las modelos. ¿Qué les pasa a las modelos de Zara? ¿Por qué están todas tan tristes? ¿Sr. Amancio acaso no les está pagando puntualmente? ¿Por qué tan lánguidas? ¿Por qué miran todas al suelo como si hubieran perdido una lentilla? ¿Por qué tienen todas una pose de resignación como si las llevaran al matadero? Y lo que es peor… ¿Por qué parecen todas jorobadas?” Así comienza el último texto que escribió la bloguera española Alicia Santiago en su blog Cuidatuimagen y que hasta ahora le atrajo la atención de unas 900.000 personas. Las fotos que acompañan al texto, y que la bloguera hizo acompañar con inscripciones irónicas, en efecto son la mejor prueba de su tesis: rostros desencajados, pálidos, tristes, melancólicos, son la principal característica del catálogo de la famosa marca. Junto a una guapa pero lánguida modelo, la bloguera escribió un pie de foto que dice: “me van a hacer una ecografía y estoy un poco nerviosa y cabizbaja”. Bajo otra imagen similar prefirió jugar con un texto como este: “llevo un par de días sin desayunar por las prisas”. No hay todavía una explicación exacta detrás de la estrategia publicitaria. La bloguera explicó al diario El País de España que lo claro es que “Inditex no deja nada al azar y sus razones tendrán para adoptar esa imagen” y añadió: “Otros creen que así te fijas más en la ropa y menos en la modelo”. Otra bloguera ya había reparado en el mismo asunto hace un tiempo. Andrea, autora de For the love of escribió en su blog tras visitar una tienda de Zara cercana a su casa: “estas chicas lucen terriblemente miserables, ni siquiera su incuestionable belleza puede encubrir su tormento”. La bloguera remata su reflexión con una añoranza por aquellas modelos que lucían los últimos diseños de las marcas y al mismo tiempo, con su actitud, parecían capaces de comerse el mundo entero. (Lea aquí el artículo completo del diario El País de España)

Vice null Time22 abril 2015 16:33:52


Macondo, el lugar de todas las cosas

0.85387456 22 abril 2015 05:24:18 ELESPECTADOR.COM - Zodiaco, Cultura

Y con el paso de los años, lo que terminó quedando de todo aquello que una vez se llamó Aracataca, fue todo eso que plasmó en páginas y páginas Gabriel García Márquez. Aracataca fue Macondo, y Macondo fue Colombia, y el Caribe, y algo del resto de América Latina. Macondo fue pueblo, calles de polvo, niños barrigones y desnudos, diluvios, peste, fiebres de insomnio, delirio de prosperidad. “Macondo naufragaba en una prosperidad de milagro (…). De la antigua aldea de José Arcadio Buendía sólo quedaban entonces los almendros polvorientos, destinados a resistir a las circunstancias más arduas, y el río de aguas diáfanas cuyas piedras prehistóricas fueron pulverizadas por las enloquecidas almádenas de José Arcadio Segundo, cuando se empeñó en despejar el cauce para establecer un servicio de navegación”. Macondo fue el lugar de lo imposible, el lugar de todas las cosas, de los santos y los demonios, de la condena y la resurrección, del amor y el desamor, de la espera, de la locura, y de ser lugar pasó a ser adjetivo, saltándose de un solo brinco la opción de ser gentilicio. Y fue adjetivo sin calificativos, un poco como su creador. Se decía, se dijo y se dirá macondiano, y esa sola palabra entrañará magia, fulgor, luz, sombra, o en últimas, lo imposible: “Melquíades terminó de plasmar en sus placas todo lo que era plasmable en Macondo, y abandonó el laboratorio de daguerrotipia a los delirios de José Arcadio Buendía, quien había resuelto utilizarlo para obtener la prueba científica de la existencia de Dios”. Macondianos fueron los hombres y sus delirios. Macondianos fueron la lluvia sin fin y el sol opaco. Macondiano fue dios. Y macondianos fueron los García Márquez, todos, y el amor, por ejemplo, porque en los calurosos tiempos guajiros, aun antes de que surgiera Macondo, cuando los padres de Gabriel José de la Concordia se enamoraron, el amor era locura, delirio, fantasía, frenesí. Eran amores macondianos, amores atrevidos, como el de su padre, don Gabriel Eligio García Martínez, quien buscó como pudo a su amada, más allá de las oposiciones de los padres de su novia, sobre todas las cosas, entre los papeles hechos basura de los telegrafistas de los pueblos. Se hizo amigo de ellos, él que también era telegrafista, y los invitó a tomar, los regó de obsequios, sólo para que le dieran una pista, y día de por medio reunía sus monedas para enviarle un poema, el mismo poema siempre a su amada. “Aunque de mí te alejes, nunca podré olvidarte, aunque de mí te alejes, nunca veré tu faz…”. El día de la boda, 11 de junio de 1926, Luisa Santiaga Márquez se quedó dormida. Luego murmurarían que su padre, el coronel Nicolás Ricardo Márquez, había instruido a su esposa, Tranquilina Iguarán Cotes, para que le mezclara unas pastillitas en el agua. Don Gabriel Eligio la aguardó una y dos horas y algo más, con su vestido de paño negro y su camisa de frac, apostado a las puertas de la Catedral de Santa Marta, imaginando los pasos de su novia sobre la infinita alfombra roja que llegaba a la calle. No tenía sentido irse. El orgullo lo mataba, y del orgullo pasaba a la furia, y de allí a la impotencia. ¿Qué más podría hacer? ¿Ir por ella? ¿Largarse? En el fondo, les confesaría a sus hijos alguna vez, sólo tenía dos obsesiones, y pasaba de la una a la otra indistintamente: besar a Luisa Santiaga, o irse hasta Riohacha y agarrarse a trompadas con el coronel Márquez. De repente, sin embargo, surgió su amada. Al día siguiente, o a los dos, quedó embarazada. Ya vivía en Aracataca con su marido, rodeada por tres indios, regalo del coronel, que la habían acompañado desde siempre. Creía en Dios, pero también en las supersticiones y los designios de las pequeñas cosas. Si le picaba la mano era porque le llegaría dinero, y si entraba en su habitación un cucarrón, con sólo verlo ella sabía de dónde provenía. A los nueve meses nació Gabriel José. “Yo deseaba con toda mi razón que él fuera abogado, pero a él, mire usté, no le interesaron las leyes”, comentó ella como por pasar, sentada en una mecedora de su casa de Manga, en Cartagena, algunos meses antes de morir. “De todas, todas formas, lo intentó, hay que admitirlo”, añadió después. García Márquez fue Macondo y viceversa. Y fue macondiano, dentro de un universo mágico e infinito de cuyas miserias y proezas han surgido y siguen surgiendo quienes cuestionan su existencia, porque fue macondiano que en algunos colegios prohibieran su obra por “vulgar”, y fue macondiano que aquellos que lo rechazaban y se burlaban de él, luego del Nobel se ufanaran de conocerlo. Fue macondiano que se tuviera que ir del país por diversas amenazas, y que luego lo acusaran de haber abandonado el país. Fue macondiano que, pasados los años, algunos escritores quisieran desligarse de su influencia con un insultante McOndo, cual fórmula comercial, y que otros lo negaran, y fue macondiano que alguno más pretendiera caer en la muy humana tentación de las comparaciones, como si la literatura fuera un asunto de récords, y como si Macondo fuera la bolsa de valores de Wall Street. faraujo@elespectador.com

Vice null Time22 abril 2015 05:24:18